El Real Madrid se juega mucho más que tres puntos en el Clásico. En un Camp Nou preparado para celebrar la Liga, los de Arbeloa apelan al orgullo y al escudo para evitar otra noche dolorosa ante su eterno rival
Este partido de vuelta de El Clásico no es uno más, ya que llega con muchísimo en juego. Los de Flick tienen el título al alcance de la mano y el Real Madrid está obligado a ganar si quiere seguir peleando hasta el final de la competición liguera. El duelo, que paralizará el mundo, se disputará hoy 10 de mayo a las 21:00 en el Spotify Camp Nou, escenario en el que la entidad blanca ha ganado en tres de sus últimas cuatro visitas y que mañana puede dejar LaLiga decidida o reabrirla por completo.
El madridismo vuelve a agarrarse al escudo. No queda otra. El Clásico es la última bala para evitar que el Barcelona celebre la Liga delante de su eterno rival y, aunque la situación es muy complicada, el Real Madrid se tiene que aferrar a una idea muy sencilla, mientras haya vida, hay pelea. El conjunto blanco llega tocado, con demasiadas heridas abiertas durante toda la temporada, pero un Clásico nunca entiende de lógica ni de clasificaciones.
Dejar atrás los problemas en Valdebebas
La semana en Valdebebas ha sido cualquier cosa menos tranquila. La tensión acumulada tras los últimos tropiezos explotó definitivamente con el enfrentamiento entre Valverde y Tchouaméni, una situación que ha obligado al club a tomar medidas drásticas. Álvaro Arbeloa, que compareció en el día previo ante los medios, quiso mandar un mensaje de unidad y defensa absoluta hacia sus futbolistas. “No voy a quemar a mis jugadores en una hoguera pública”, afirmaba el técnico salmantino. Arbeloa insistió en que el vestuario “es sano y preparado para volver a ganar”, además de cargar duramente contra las filtraciones internas, calificándolas directamente como “una traición al club”.
En lo futbolístico, el Madrid llega obligado a recuperar algo que ha perdido demasiadas veces este curso, equilibrio. Mbappé, incluso entre dudas sobre su estado físico, continúa siendo el gran argumento ofensivo de un equipo que ha vivido demasiado tiempo de las individualidades. Eso sí, hasta Hansi Flick se rindió en la previa al delantero francés, al que definió como “el mejor delante de la portería”.
El problema para el Madrid es que el Barça de Flick sí ha conseguido construir una idea sólida alrededor del colectivo. Es mucho más fiable, más constante y, sobre todo, mucho más reconocible que un conjunto blanco que ha transitado gran parte de la temporada entre problemas internos y soluciones improvisadas.
En busca de una alegría en una temporada para olvidar
Aun así, el Clásico es una oportunidad perfecta para cambiar el relato. El Madrid sabe que una victoria no arreglaría la temporada, pero sí evitaría una dura fotografía, la del eterno rival celebrando el título ante los blancos. El vestuario lo debe entender como una cuestión de orgullo competitivo. De hecho, Arbeloa ha querido insistir precisamente en eso durante diferentes comparecencias: “Esfuerzo, compromiso y solidaridad, eso nunca puede faltar en el Real Madrid”.
Las bajas y los problemas físicos han condicionado toda la temporada blanca, aunque en un Clásico eso suele quedar en segundo plano. El historial reciente ha demostrado que estos partidos se deciden muchas veces por detalles emocionales, y ahí los blancos suele sobrevivir incluso en sus peores escenarios. Si nos fijamos en datos históricos, esta rivalidad sigue reflejando una igualdad tremenda entre ambos clubes, con apenas dos victorias de diferencia a favor de los blancos en el balance global.
Mañana el Camp Nou dictará sentencia. Puede ser la noche definitiva del Barça o el inicio de una reacción tardía de los de Arbeloa. Lo único seguro es que, cuando llega el momento de que se dispute un Clásico, todo lo demás desaparece durante noventa minutos. Y el Real Madrid, incluso en uno de sus peores momentos, si no el peor, de la temporada, sigue siendo el equipo que mejor entiende cómo competir cuando todos le dan por muerto.